Me fui de Facebook

Aunque nos sangre la boca, las ridiculeces que ponemos en redes dicen mucho de quiénes somos

Por Pablo Noh


Fotografía del archivo del autor
Fotografía del archivo del autor

Hace años solía desintoxicarme de las redes sociales por temporadas; Facebook específicamente, pero por mi actual trabajo era difícil porque vivimos de eso, además de que siempre estamos «analizando» a la competencia y el comportamiento de los usuarios. Porque sí, amigos: aunque nos sangre la boca, las ridiculeces que ponemos en redes dicen mucho de quiénes somos.

Pero me cansé debido al comportamiento de muchos: todos sabemos todo, todos opinamos de todo, todos nos metemos en la vida de todos; todos creemos ser los más gallitos, los más odiados, lo más interesantes. Sin embargo, en realidad nadie daría ¼ de centavo por ellos, por nosotros y nuestras infamias. Entonces, al irme (re)descubrí varias cosas.

Mi vida social sigue intacta

Irme de Facebook ha servido para conectarme aún más con los que quiero; vivo lejos de mi familia, amigos y gente que aprecio, pero eso no significa que en la ciudad que resido no tenga amistades. Con todos trato de mantener una plática más allá del típico “Hola, ¿cómo estás?”. Lo mejor de todo es que ese contacto ha sido genuino, quienes me han apreciado con Facebook, me han buscado sin él.

Menos información que procesar

Si bien muchos dirán que esto depende de las cuentas que sigas, el día de hoy es imposible ignorar a las personas ajenas a tu timeline porque los algoritmos más recientes de las redes más asediadas se encargan de notificar lo que tu amigo hizo o compartió. Tampoco creo que se trate de decirle a la gente “Ey, dejen de compartir basura”, pues así como me gusta apagar mi cerebro con cosas sin sentido, también me gusta alimentarlo y no por eso obligo a la gente a leer los mismos blogs que yo, o a no seguir las cuentas que no me aportan. Sea como sea, desde la historia más sin sentido hasta el artículo más interesante, mi cerebro ya no tiene que complicarse la existencia de seleccionar qué ver y qué no.

La realidad es lo que hay, no más, no menos

Es sorprendente porque aunque no tengo la mejor vida de todos, sí tengo una vida bastante feliz, con sus tragos amargos y también productiva, pero no lidio con las mentiras de José (quien a escondidas niega a su mujer pero se la pasa compartiendo “Las 10 cosas que puedes hacer esta cuarentena con tu pareja”), ni con las fotos del último viaje a Europa de María (ni con su tristeza de saber que apenas hace unos meses estuvo ahí, todo por un par de likes), ni con los problemas personales de algún otro. La ropa sucia se lava en casa. Para nada digo que mis logros sean mejores o peores que los de otra persona, solo soy cada vez más feliz con ellos.

Irme de una de las redes sociales más grandes del mundo (2.271 millones de usuarios a nivel global al 2019) podría simular muerte segura para mi persona y para algunos de los proyectos que tengo ahí, pero la realidad es completamente distinta por varias razones: invierto mejor mi tiempo, lo que consumo en internet es lo necesario, procrastino menos y las personas que me aprecian se interesan más por mí. Pero sobre todo, equilibro mejor el ocio y la productividad y, por tanto, las relaciones —en los diferentes ámbitos de mi vida— son más eficaces.


Instagram: @pabsnoh
Twitter: @pabsnoh

Pablo Noh  
Devorador de series y blogs, viajero, fotógrafo por gusto y minimalista por convicción

© Todas las imágenes están protegidas por sus derechos de autor. Si te gustó mucho la foto, échale un grito al fotógrafo o acredita.

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