Tengo una vista privilegiada

Por Sofía Guerra


Recién desperté del sueño más mágico que he tenido en mi vida. Vi el cielo rosa y cómo las nubes —en más o menos quince minutos, pasaron de blancas a grises. Luego negras. Quince minutos.

Estoy frente a una valiosa avenida viendo el atardecer. No tengo prisa y me gusta observar. Rutinariamente le dedicaría menos tiempo porque con regularidad estoy en muchas cosas a la vez. Como ahora, que estoy en bastante a la vez y me perdí sobre lo que hablaba. Perdón, retomo el punto. Miraba el atardecer con plenitud, poniendo atención en los claros, los oscuros, el tiempo, el contorno pronunciado de las nubes. Me pregunté: ¿Cuántas personas le darían “reinicio” a todo y verían lo que hay afuera? Se están perdiendo el universo.

La fotografía me ha llevado a lugares donde no imaginé estar. Hablo de todo tipo de espacios: ciudades, planetas, sueños, pensamientos. Sin embargo y a decir verdad, casi nunca cargo con mi cámara fotográfica. No mentiré: es muy incómodo traerla conmigo. El iPhone me facilita capturar la experiencia visual del momento. Su cámara, su IOS y su accesibilidad son increíbles para mí: todo está en la nube. Habiendo tantas imágenes, por supuesto hay que tener un gran nivel de almacenamiento. Es práctico, pues. Y entre más útil —y bonito— es más fácil porque tengo las herramientas en la palma de la mano. No es que me haga la difícil, más bien soy pragmática; así que gracias, Apple, por dos cosas: por ser funcional y por conectar. De esto se trata todo, ¿no?: de conectar. Una cosa con otra.

Imagínate un cable de luz atado a una tela, la tela amarrada a una manguera y la manguera a una cuerda. ¿Qué harías con ese enorme látigo de características diferentes? Muchas cosas. Para empezar, una cuerda gigante que soporte adversidades, aunque si algunos elementos se mojaran, probablemente dejarían de funcionar mientras otros sobreviven a las llamas del fuego. Bueno, eso es conectar con cosas que no son como tú. Con tu carro, con tu perro, con una marca de ropa, con cierta comida. Conectar con otras personas (¡urgente!), con la naturaleza, con nosotros mismos.

Ya no tiene sentido todo lo que estoy diciendo, pero en sí la vida misma no tiene sentido. Hoy agradezco haber seguido mis impulsos y mis deseos. Por todas las decisiones que tomé en el pasado, soy la Sofía que soy ahora. La vida está enseñándome cómo es, cómo funciona, cómo desde aquí se ve de una forma asombrosa y punzante.

Tengo una vista privilegiada.


Instagram: @sofiaguerramx
Twitter: @sofiag8a

Sofía Guerra /
Fotógrafa y viejera, digo, viajera

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